Sirvientes en el arte

La Universidad inaugura su librería con la presentación del primer título de la colección “Comunicación, lenguajes, cultura”.

“Pero de algo estoy seguro: el día de mañana seré un encantador cero a la izquierda, redondo como una bola”, afirmaba Robert Walser en El Instituto Benjamenta (1909), novela cuyo narrador (Jakob von Gunten, otro título de la obra) es estudiante en una escuela de mayordomos.


En un reciente film de ciencia ficción titulado Passengers (2016), la nave ultra futurista contiene un obsecuente barman robótico, interpretado por el actor británico Martin Sheen. Su personaje condensa eso siniestro y a la vez íntimo que se representa en la figura del sirviente. Segundones de la literatura, alivio cómico, transmisores de chismes que complican los romances de sus amos (aquellos protagonistas cuyo brillo hacen lucir por contraste) y también personas en situación de vulnerabilidad de sus derechos o rémora de un pasado colonial que coexiste con la modernización, la servidumbre constituye un nuevo campo de los estudios culturales.

“Un buen sirviente es un sirviente invisible, el que deja como huella de sí tan sólo una tarea bien hecha”, escriben María Julia Rossi y Lucía Campanella en el prólogo a su compilación de trabajos por varios autores titulada Los de abajo. Tres generaciones de sirvientes en el arte y la literatura de América Latina (UNR Editora, 2018).

El libro (la “invisibilidad” y ubicuidad de cuyo objeto de estudio representan un desafío desde su perspectiva de género, que hace foco en la figura de la sirvienta) inaugura la colección “Comunicación, lenguajes, cultura” que Sandra Valdettaro dirige para la editorial de la Universidad Nacional de Rosario. (Valdettaro es la directora también del Espacio de Formación e Investigación en Gestión Cultural Núcleo C, que fue creado el mes pasado dentro de la UNR). El libro incluye textos críticos sobre literatura argentina por ensayistas que también son novelistas reconocidos, como Martín Kohan (que comenta una novela de Sergio Bizzio, Rabia) y Betina González, quien recupera en las causeries de Lucio V. Mansilla la figura de un criado lector del Quijote y usurpador del lugar del amo a la mesa.

La presentación del libro y de la colección, el viernes a las 18.30, será ocasión para inaugurar la nueva librería universitaria que empezará a funcionar en el horario de 8 a 14 en el espacio de tienda de la Sede de Gobierno de la UNR (Maipú 1065), incorporando títulos de diversas editoriales universitarias (EDUVIM, UNL, UNQ, UNSAM y otras) además de los publicados por la casa de estudios rosarina. “Se recibe material de todas las editoriales universitarias del país”, anticipó Gonzalo García, de la Dirección de Prensa de la UNR.

Egresada de la Escuela de Letras de la UNR, María Julia Rossi es profesora en el John Jay College de la City University of New York. Se doctoró en la Universidad de Pittsburgh con una tesis premiada sobre las figuras del servicio doméstico en la obra de las escritoras Silvina Ocampo, Elena Garro y Clarice Lispector. En su contribución al libro analiza la divergencia de perspectivas ideológicas sobre la empleada doméstica entre Lispector y su hermana Tania Kaufmann, autora esta última de un manual de “buenas” prácticas serviles que tuvo gran circulación en su país, Brasil. Otra dupla fraterna femenina, en este caso argentina y compitiendo por la tenencia de la criada Fani (nacida en Galicia como Estefanía), es la que integran Silvina y Victoria Ocampo en un lúcido artículo de Adriana Mancini.


Una crónica de época sobre la “crisis de los criados” que siguió a la abolición de la esclavitud en Brasil, le sirve a Sonia Roncador para leer, en un trabajo muy influyente, las tensiones políticas entre colonia y modernización en ese país. Brasil recién abolió la esclavitud en 1888. Ese mismo año, el pintor argentino Eduardo Sívori expuso su pintura Le lever de la bonne (El despertar de la criada) en el espacio de consagración artística internacional de su tiempo, el Salón de París. Laura Malosetti Costa estudia las reseñas de los escandalizados críticos porteños, reconstruyendo qué aceptaba y qué rechazaba del desnudo femenino el gusto (masculino) de la época. El despertar de la criada es vuelto a pintar de otra manera en un autorretrato de 2005 por Juan Pavletic. Quien trabaja los contrastes de este “diálogo” entre obras en su aporte es Lucía Campanella, otra de las compiladoras, doctora en literatura por la Université de Perpignan (Francia). Una obra de la artista contemporánea peruana Daniela Ortiz, 97 empleadas domésticas, es analizada por Victoria Sacco y Verónica Panella, mientras que Karina Vázquez y Julia Kratje abordan esa figura en dos obras cinematográficas del siglo XX y XXI.

Completan el volumen un trabajo donde Romina Lerussi interroga el estatuto sociojurídico de la relación entre prestatarias y destinatarias de los servicios en la actualidad, y la traducción al castellano del prólogo a la segunda edición, treinta años después, de una obra pionera en este campo de estudios: Femmes tout mains, essai sur le service domestique (1979) por su autora, Geneviève Fraise.

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